Cuando la cadena Fox Tele-Colombia produce la obra escrita por Gustavo Bolívar para RCN Televisión no se imaginó el alcance y la fama que esta tendría a nivel nacional e internacional. Se constituyó en la serie más costosa que se haya producido en Colombia contando con un búnquer propio y costosos objetos de utilería, como por ejemplo, una virgen completamente en oro. Se estima que la serie costó aproximadamente 18 mil millones de pesos colombianos. En nuestro país la presentó Teleantillas a las diez de la noche. Yo la vi en Tele-futura New York, el pasado año y no me abstuve de verla de nuevo por lo impresionante de la personalidad del capo, interpretado por actor colombiano, Marlon Moreno… La historia se había convertido en toda una obsesión para su escritor contada en primera persona y basada en una larga investigación, manteniendo, incluso, contacto directo con distintos narcotraficantes en las cárceles. A pesar de eso pienso que el autor nos muestra una carga considerable de humanismo y sensibilidad social, sin prescindir del arbitrio ético y existencial.
Es un film de una problemática real cimentada en las grandes preguntas filosóficas de –quienes somos- ¿Soy lo que soy? ¿Soy lo que tengo? O soy la suma de mis hechos, permitiéndosele al ser humano el derecho al error. Y sabemos que, los errores se pagan.
La serie cuenta la vida de un gran capo de la mafia del narcotráfico. El personaje central no es en realidad ningún capo en particular, sino una mezcla de las principales líneas de los capos más conocidos de la historia de los carteles de Colombia. De esta manera se relata como Pedro Pablo León Jaramillo desciende de los barrios más humildes pero de una familia de formación y educación en valores… hasta las negras aguas del sicariato barato hasta las cumbres de la gran criminalidad. Las grandes líneas de la historia no son la caza y captura del Capo, su detención en una cárcel en la que cuenta con todos los medios para seguir delinquiendo desde ella y para preparar su fuga, su supuesta muerte primero y su acribillamiento finalmente, no. Las grandes líneas del capo son la constante exhortación cuasi mesiánica o de Gurú pseudos-espiritual de los anti-valores de la filosofía del delincuente… o del que toma el –Mal- camino, por decirlo de alguna forma, Justamente el personaje de EL CAPO, se cuestiona que es lo que está BIEN y que es lo que está MAL. Y no sólo en lo delincuencial sino también en todos lo establecido social o moralmente por el hombre. Se pregunta sobre el amor o la capacidad de amar a dos mujeres a la vez. Se pregunta sobre la maldad o bondad de sus matones versus la de los policías que juegan a ser buenos y se tuercen por unos cuantos pesitos. Pero lo que más fustiga es la falta de HONORABILIDAD, el valor de la palabra que debe ser lo que define a un hombre y yo digo, a una mujer. Pienso crítica con todo a nuestros gobiernos, nuestras débiles instituciones. Lo hace desde su natal Colombia pero podemos trasladar a todos los países latinos y vaya usted a saber… a todas partes donde exista un humano. Ataca con ferocidad las cúpulas de poder que sólo existen para sangrar al desvalido, a los pobres, a los NADIE. INSISTE en echar toda la culpa de la delincuencia a los grandes delincuentes que son los que dirigen la cosa pública. Y es que los valores de verdad, de lealtad, de fidelidad a la palabra empeñada no debe ser juzgada con la temeridad con la que se juzga el tráfico de droga. No pretendemos hacer una apología del crimen organizado, ni más faltaba. Básicamente porque el hombre y la mujer llegar allí por el brillo de lo material. Por el olor nauseabundo de los dólares; por el deseo de ser alguien: porque se siente juzgados como los de abajo, y en parte, están hartos de que el gran pastel se lo coman unos cuantos…y no piensan en que el coste es muy alto a cambio de subir a probar las mieles de una fortuna fugaz, efímera, casi impermeable. Que la vida propia y de los suyos pasa a ser una caza a o corto plazo, amen del estigma familiar que se crea cuando uno es integrante de algún grupo subversivo de las leyes naturales del hombre. Y eso pasa en esta serie donde podemos amar y odiar a un Pedro Pablo León Jaramillo, como si fuéramos la familia o la esposa o la amante. La serie muestra como todos terminan pagando de diversas maneras las consecuencias del contacto con el narcotráfico; que con sus tentáculos se infiltra en todas las capas de la sociedad y en todas las instituciones del poder ejecutivo, judicial, legislativo, militar, político, periodístico, etc…Siendo esto último lo que más arengaba, justamente, EL CAPO, a sus interlocutores. Exigía hospitales para los pobres, educación y solaz para los muchachos de los barrios. Y sobre todo esa crítica política a los gobiernos que van a servirse desde el poder y no a servir al pueblo. No es lo mismo robar unas papas porque se tiene hambre a robar para simplemente TENER MÁS y dejar sin MENOS a los desfavorecidos. De modo que el capo, los capos son productos de sociedades podridas donde la corrupción campea por doquier, a todo nivel. Sólo que hay crímenes que no están penalizados, ni siquiera establecidos en los códigos penales. Crímenes por los cuales hay gente que se desespera y se quita la vida por que no tiene esperanza. Porque se vive en un país que premia la corrupción; porque la solidaridad, sea tarjeta o beneficio se le da a los que no tienen necesidad, a los allegados al partido en el poder, sea cual fuere. Porque mentir no es pecado, ni siquiera ser honorable… sino, preguntar a los políticos. Porque los términos tránsfugas, lealtad, quitatetúpaponermeyo, acuerdos por debajo de la mesa…son comunes en nuestras sociedades… y ¡hay democracia! O sólo EL CAPO o los capos son los malos. Y si hablo de justicia, no acabo…va supeditada al poder de turno.
(Cualquier coincidencia con la realidad es pura casualidad)
Elizabeth Quezada- , 5 de octubre, 2011. Santiago, RD